La nueva edición del mercadillo solidario ha sido una verdadera celebración de comunidad, generosidad y trabajo compartido. Durante varios días, muchas personas y grupos de la parroquia —así como vecinas y vecinos del barrio— se unieron para donar, organizar, cocinar, clasificar, montar, atender y acompañar. Cada gesto, grande o pequeño, ha contribuido a que este encuentro fuera un éxito.
Queremos agradecer especialmente a quienes realizaron donaciones en momentos delicados, a quienes aportaron alimentos caseros, a quienes ofrecieron su creatividad y habilidades, y a quienes dedicaron horas de su tiempo para que todo estuviera cuidado y lleno de vida. También damos las gracias a quienes se acercaron a comprar, a curiosear, a conversar o simplemente a compartir un rato. Su presencia hizo del mercadillo un espacio de encuentro y cercanía.
Agradecemos igualmente la colaboración de otras comunidades y grupos misioneros que nos acompañaron y nos ayudaron a mirar más allá de nuestro entorno inmediato, recordándonos que la solidaridad no tiene fronteras.
La comunidad parroquial sigue creciendo en sintonía, compromiso y deseo de ser una Iglesia viva y misionera. Este mercadillo ha sido una muestra preciosa de lo que podemos construir cuando caminamos juntas y juntos.
Gracias a todas las personas que lo hicieron posible.




